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Los
sommeliers (por fortuna no todos)
Paseando por internet, en la página web http://www.elartedelvino.com/
encontré la siguiente frase:
“Los Sommeliers somos expertos
en todas las bebidas, productos gourmet y puros”.
Analicemos la frase:
Lo primero que llama la atención es “…somos
expertos…”.
Buscando en el corrector de textos de la Real Academia Española
http://www.correctordetextos.com/diccionario.htm la palabra
en cuestión encontramos:
experto, ta. (Del lat. expertus, experimentado).
1. adj. Práctico, hábil, experimentado.
Hecho que justifica plenamente esta primeras parte de la
oración bajo análisis, es decir es práctico,
hábil y experimentado.
Véase que no se usa la palabra conocedor que según
la fuente antes citada nos dice:
conocedor, ra. (De conocer).
1. adj. Que conoce.
2. adj. Experto, entendido en alguna materia. U. t. c. s.
Quizás el espíritu de la oración sea
el expresado en la siguiente definición del Esquema
A la norma IRAM 20.001 de noviembre de 2207.
1.8 evaluador sensorial experto (sustantivo)
Evaluador elegido por su comprobada sensibilidad sensorial,
con considerable entrenamiento y experiencia en ensayos
sensoriales, que está capacitado para realizar, en
varios productos, evaluaciones sensoriales consistentes
y repetibles.
Cabe resaltar “su comprobada sensibilidad sensorial,
con considerable entrenamiento y experiencia en ensayos sensoriales,
que está capacitado para realizar, en varios productos,
evaluaciones sensoriales consistentes t repetibles”.
Un poco de modestia es bueno.
Pero ¿en que se autoproclaman expertos?: “…en
todas las bebidas,…”
Recurramos nuevamente al diccionario:
bebido, da. (Del part. de beber).
1. adj. Que ha bebido en demasía y está casi
embriagado.
2. m. desus. bebida (? líquido que se bebe).
3. f. Líquido que se bebe.
4. f. por antonom. bebida alcohólica.
Dejando de lado la primera acepción, la segunda por
estar en desuso, consideremos la tercera.
Es decir que un sommelier es experto desde aguas, jugos de
frutas (consideremos los jugos de flores y sus características
sensoriales), infusiones desde el té hasta de algarroba,
por citar algunas, bebidas gaseosas, energizantes,…
Pero para no ser tan incisivo consideremos el cuarto concepto:
bebida alcohólica por antonomasia.
Es decir que el supuesto sommelier es experto en bebidas fermentadas
como: sake con sus variantes debido a las diferentes elaboraciones
y tipos de arroz; sidras ya sean de Asturias como de Normandía;
los vinos de kiwi marroquíes, los vinos de frambuesas
de Moldavia; las cervezas, donde tan solo Bélgica cuenta
con más de quinientos tipos…
Si entramos en los destilados…
¿Cuánto es su conocimiento sobre las variantes
de whiskies, whiskeys canadienses, japoneses…? Tema
por demás interesante.
¿Cuán amplio es su conocimiento sobre vodkas,
aquavit? Diferencias de
¿Que conocen sobre calvados (en todas sus variedades)?...
¡sería capaz de dar las tipificaciones de los
Singani, brandies, cognacs, armagnacs…?
Seamos más condescendientes aún.
¿Conocerán las variantes sensoriales que producen
las más de 220 levaduras capaces de fermentar los vinos?
¿Cómo trabajan las encimas? O ¿cuáles
son los efecto fisiológicos de las aminas biógenas
que pueden ser moderadamente graves?
¿Conocerán las características propias
de los más de 20 clones de Malbec presentes en la Argentina?
¿Serán capaces de identificar los vinos por
su terruño?
Sencillamente… ¡MAGNÍFICO!
Mas, sigamos…
”…productos gourmets…”
¿Cuáles serán?
¿Será el ajo un producto gourmet? De él
en el país se cultivan una gran variedad de especies
cada una indicada para diferentes preparaciones, No es lo
mismo utilizar un ajo blanco en lugar de un ajo morado o fuego.
¿Será la andina papa?
De ella se reconocen más de 250 varietalesbasta con
visitar Bolivia.
¿El maíz, quizás?
Desde el andino, que presenta múltiples colores y tamaño,
hasta el transgénico. ¿todos o algunos? ¿Cuáles?...
¿Las ostras? Las nativas de bahía de Chesapeake.
…………………
En realidad los productos gourmet no existen.
La simple (no tanto) lechuga podrá comportarse como
“produit pour les gourments” según lo aprecie
el comensal.
En el flim “Babettes gæstebud, 1987” (La
fiesta de Babet) el único que era capaz de reconocer
la calidad de los platos presentados era el general Lorens
Lowenhielm, ya maduro, que asiste a la cena que conmemora
los 100 años del nacimiento del "pastor"
(fallecido a la sazón) y sus hijas Martina (por Lutero)
y Philipa (por Melanchton) aceptan que su, por un azaroso
hecho, afortunada sirvienta, les organice una cena francesa
(diner française...).
Sopa de tortuga, codorniz rellena con trufas, baba au rhum
con champagne. Amontillado, jerez, champagne, buenos borgoñas,
café, budín, frutas frescas... resulta demasiado
para los propósitos de esa docena de puritanos malavenidos
e hipócritas acostumbrados a pescado hervido y puddins
de aspecto repugnante.
Supongo que los sommeliers serían capaces de reconocer
las cualidades intrínsecas de cada uno de los platos…
Imaginemos a nuestro ficticio sommelier explicándole
a un productor ganadero las bondades sensoriales de la cruza
de padre Hereford y una madre Angus, del momento y tipo de
capado, del instante de faenado, sin contar la pastura.
¡Para que estudiar e investigar durante años
si el sommelier es experto!
MARAVILLOSO, simplemente MARAVILLOSO.
Dejemos de lado: “… y puros.”
Ya a esta altura la frase analizada suena rimbombante y por
demás soberbia…
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