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Crónicas de
un viaje anunciado
Habíamos partido la noche del miércoles.
Nuestro destino: San Rafael, Mendoza.
Nuestro motivo: Visitar viñedos y bodegas del sur mendocino.
Arribamos
alrededor de las 09.00 del jueves 26 de noviembre…,
en el hotel nos esperaba Alfredo Roca
para guiarnos hacia su bodega. Desempacamos bártulos,
y sin más partimos hacia el viñedo.
La mañana comenzó relativamente fresca.
Visitamos la viña en el momento que, ya cuajada la
baya se mostraba en el comienzo de su desarrollo.
Recorrimos parcelas de Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot,
alguna de Sangiovese y Chardonnay. Atentos a la explicación
de Alfredo reconocimos las diferencias ampelográficas
de las variedades.
Nos dirigimos a la bodega donde pesábamos degustar
sus vinos, más nuestra sorpresa fue encontrar a Ana
Paula Gutiérrez del restaurant El
Restauro que ansiosa aguardaba nuestra llegada.
Nos calzó sendos delantales, dio breves comentarios
de como cortar tomates, cebollas, verdeo y en minutos nos
encontramos preparando un tomaticón plato típico
de la región de Cuyo. Dicha preparación fue
la entrada y acompañamiento de una pata de cerdo braseada,
nuestro almuerzo. Los vinos de la casa fueron nuestra bebida
una combinación que resulto excelente.
La
tarde continuo con la visita a
El Rosal.
Al llegar nos recibieron en el jardín enmarcado por
un par de centenarios eucaliptos. La bodega, declarada de
interés provincial, atesora algunas piezas que formaron
parte de la antigua vitivinicultura sanrafaelina, tijeras
de poda, prensas mecánicas un árbol de poleas
que movía una decena de máquinas…
Los nuevos dueños están empeñados en
rescatar parte de su historia al igual que alcanzar la excelencia
de sus vinos.
Para
cerrar la primera jornada nos encaminamos a Yancanelo,
productores de una de los mejores aceites de oliva de nuestro
país. Nuestra anfitriona nos guió por lo olivares
donde recordé:
Profecía de Rafael de León:
……
“Y fueron dos sentinela
los ojitos de mi mare.
-Cuando sale de la escuela
se va pa los olivare.
-Y ¿qué busca allí? -Una niña,
tendrá el mismo tiempo que él.
José Migué, no le riñas,
que está empesando a queré.”
……….
Y entre tanto se fue tejiendo la tarde, nos reunimos a probar
los varietales de aceite de oliva y los vinos Umbro, para
cerrar la primera de las jornadas con una monumental picada
en los jardines de la empresa.
De regreso al hotel comenzamos a sentir la mella que había
causado el viaje de la noche y la actividad del día.
Los unos optaron por una cena liviana, los otros por descansar.
La
mañana se presentaba más cálida que la
anterior y nos encaminamos hacia Bianchi.
Arribamos alrededor de las 10.00. La visión, a diferencia
de la jornada anterior, era de una bodega de gran porte. Desde
la recepción de visitantes hasta el tamaño de
las instalaciones nos hablaba de unos de los hacedores de
la actual vitivinicultura de La Argentina.
Al frente de la bodega se encuentra la cuarta generación
de la familia.
Nos recibió su enólogo, Rodrigo
Valdéz con quién transitamos
las instalaciones, degustamos vinos directo de los tanques
de acero inoxidable, nos sumergimos en las cavas en las que
descansaban las botellas donde las levaduras mutaban el vino
tranquilo en vino espumante, la estiba en la cual las botellas
esperaban el exacto momento del degüelle, contamos con
la suerte necesaria para observar el mencionado degüelle
realizado en forma manual, sello del método champenoise,
y por último el vestido de las botellas prestas a salir
al mercado.
Sobre el mediodía nos esperaba en la sala de exposición
y venta una regia picada con los productos de Secretos
del Monte.
Comidos
nos dirigimos a Simonassi Lyon
donde nos albergó su propietario, Jorge
Simonassi. Recorrimos la bodega, probamos
los vinos y en su sala de reuniones pudimos jugar al enólogo
por un rato.
Jorge presentó cuatro varietales. Divididos en dos
grupos debimos elaborar un dupla de cortes por grupo. Después
de un par de horas y votaciones llegamos a un corte que fue
la selección de la totalidad de los participantes.
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