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Carnes exóticas
Nuevas sensaciones para nuestros sentidos
Dra. ALejandra Picallo
Nota publicada en la revista Master Wine.
¿Estamos dispuestos a nuevas sensaciones
y percepciones únicas? ¿Tendremos la capacidad
de enfrentarnos con sensaciones no conocidas anteriormente
y poder disfrutarlas?
Cuando nos presentan algo novedoso, cierto temor a lo extraño
nos aborda, pero, también la duda de la pérdida
a lo nuevo desconocido nos invade. El mundo sensorial es amplio,
sobre todo en lo relacionado a los alimentos.
En el mundo de la carne y productos cárnicos, instantáneamente
olores, aromas y flavores vienen a nuestra mente. ¿Pero
en general, cuál es la reminiscencia sensorial más
asentada? La respuesta es sencilla: carne bovina, porcina
y aviar. Los olores propios y característicos de la
carne bovina es la más importante y con mayor presencia
en nuestra memoria sensorial. Pero en realidad, hay muchas
otras carnes que aportan, no sólo el valor nutritivo
tan rico e inigualable de las proteínas cárnicas,
sino aromas en nuestra boca que deleitan nuestro paladar.
La carne es uno de los alimentos básicos y más
nutritivos del hombre, pero, nuestro paladar típicamente
acostumbrado a la carne bovina, es reacio a innovaciones,
aún siendo más beneficiosas para la salud.
¿Hay otras carnes?, nos preguntamos. Hay y mucho más
saludables. ¿Cuáles son? Recordemos el concepto
de calidad de carne. En principio, todo alimento para el hombre
debe reunir tres requisitos fundamentales que, en orden de
importancia, son calidad higiénica, nutritiva y sensorial.
A estos se agregan otros criterios de calidad accidentales
que le confieren valor agregado como utilidad, servicio, imagen,
precio, etc. La calidad higiénica de los alimentos
está relacionada con su inocuidad. La calidad nutritiva
se refiere al contenido, disponibilidad biológica,
tipo y aporte de nutrientes necesarios e indispensables para
el organismo, vida y salud humana. La calidad sensorial se
refiere a las características y atributos de un alimento
que son percibidos por los órganos de los sentidos
al comprar y comer el producto. Aseguradas la calidad higiénica
y nutritiva, la calidad sensorial adquiere mayor importancia,
despertando el interés y atención de los consumidores
en el mercado de alimentos.
Comencemos viendo algunas de las carnes exóticas, típicas
delicatessen.
La
llama es una especie de la fauna silvestre
que junto con la alpaca pertenecen a los camélidos
domésticos. Su crianza constituye una actividad económica
de gran importancia para el sector de la población
altoandina, principalmente Perú y Bolivia y, en menor
grado de Argentina, Chile y Ecuador. De hecho, constituyeron
la dieta básica de los primitivos habitantes del suelo
americano, especialmente de nómades con rutinas cazadoras.
La carne de llama no difiere demasiado en su aspecto con relación
a la bovina.
Ciertas características sensoriales resaltan por sobre
la bovina, haciéndola apetecible en alta medida. La
terneza es uno de los factores más importantes para
el consumo de carne en general, según muchos estudios
realizados a consumidores.
Al analizar los atributos sensoriales, podemos notar, en
general, que el olor, aroma y flavor de la carne de llama
son débiles, aunque con presencia. El atributo que
más destaca es la terneza, que es muy alta, por lo
cual lo lleva al catador a comer carne tierna, con flavores
y notas aromáticas no muy fuertes ni molestas, pero
con baja jugosidad. Esta cualidad se relaciona con la cantidad
de grasa intramuscular y con el tipo de estructura o trama
del músculo, siendo en este caso abierta, liberando
rápidamente sus jugos al cocinarla, resultando finalmente,
seca.
Si se compara con la carne bovina, las diferencias perceptibles
entre una y otra se debería a la cantidad de grasa
intramuscular que en la carne de llama es mínima (nada
o muy poco de veteado) y mediana en bovino. Estos resultados
indicarían la posibilidad de ingreso al mercado de
dicha carne favoreciendo la economía regional, porque
no sólo la fibra de estos animales sería de
interés. Además, la enseñanza de diferentes
formas de cocción y utilización de esta carne
permitiría acentuar sus bondades y disimular sus defectos,
como el caso de la jugosidad.
Cambiando
de carne “especial”, trataremos de conocer características
de otra especie exótica, el lagarto
overo. Cuando se faena y desposta por partes,
la carne obtenida de las mandíbulas del animal es de
color blanco amarillento, de olor suave, olor tipo “sui
generis”, jugosa, tierna y con un flavor muy similar
al pollo. Muy rica, cocida al horno o frita!! Si en cambio,
estamos degustando las patas o cola, ya aumenta la fibrosidad
de la misma y la dureza, aunque mantiene la palatabilidad.
Considerando el gran aporte nutritivo de estas carnes, se
puede concluir que las carnes frescas, tanto de yacaré
y lagarto overo, constituyen productos alternativos
de alta calidad nutricional.
La carne de este último contiene el ácido graso
esencial araquidónico que tanto desvela a los nutricionistas.
El
ñandú
(Rhea americana) es el ave autóctona de mayor tamaño
de Argentina y Sudamérica. Las dos especies existentes
en el país, Rhea Americana (que se distribuye en el
Noroeste y Centro del territorio) y Rhea pennata (syn. Pterocnemia
pennata) o choique (que habita en la Patagonia) fueron incluidas
en los apéndices de la Convención para el Comercio
Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna.
La carne del ñandú puede describirse
como una carne de intenso color rojo (en la mayoría
de sus músculos), magra, fibrosa, tierna en ciertos
músculos, pero alcanzando un grado de terneza alto
si se la madura unos 4 a 7 días.
Presenta un flavor fuerte y notas aromáticas vegetales
intensas.
Nutritivamente, tiene bajo contenido de grasa, colesterol,
y ácidos grasos omega 3. Es un poco más dulce
que la carne bovina, y en el flavor un dejo similar a los
animales de caza.
Otras de las carnes exóticas que es la excepción
a ser “especie protegida” como el resto de las
anteriormente nombradas, aunque se está convirtiendo
de a poco en una alternativa culinaria interesante, es el
castor.
El animal en cuestión, el Castor canadensis,
fue introducido en Tierra del Fuego en 1946 con fines peleteros
y se convirtió en la actualidad en una plaga. Esta
plaga, que invade tanto a las zonas más australes de
nuestro país como el sur chileno, genera daños
como pérdida de masa forestal, erosión de las
costas y modificación de las cuencas hídricas.
Para tratar de lidiar con estos animales, se busca el máximo
aprovechamiento de los animales.
Durante la segunda edición del Festival Gastronómico
Ushuaia a Fuego Lento, se presentaron diferentes preparaciones
de carne de castor.
Hay que considerar que el castor tiene una manta de grasa,
que para evitar el consumo excesivo de las mismas, conviene
removerla para la cocción de la carne. Otro factor
que influye sensorialmente es la fibrosidad de la carne, lo
cuál se podría asociar con cierta dureza de
la misma. Entre algunos de los platos preparados por los chef
patagónicos se encuentran patés exquisitos,
sorrentinos de castor, won tong, castor confitado, al horno,
rebozado. Una de las más exitosas resultó ser
la preparación de la pata trasera al horno, con panceta,
acompañada con fideos de chocolate, y también
las patas delanteras confitadas en aceite de girasol.
Es una carne oscura, grasa, fibrosa y con flavor salvaje
intenso, flavor característica a carnes de caza. A
fin de lograr “suavizar” el flavor y la textura,
se podría marinar la carne o ácido cítrico
o acompañar con ingredientes suaves que no exacerben
este flavor propio muy intenso. El problema de la comercialización
del castor para consumo humano es que no es posible garantizar
la calidad higiénico-sanitaria del animal desde la
caza hasta su cocción.
Estas son algunas de las especies que nos brindan una conjunción
de sensaciones, aromas y flavores que nos conducen a un nuevo
mundo de placeres gustativos.
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